sábado 18 de abril de 2009

Capítulo IV

Para ambientaros, poned esta musica
Japón, s.XIV d.C. Bosque en las montañas. El día que Sora se recuperó



Despues de avisar a mamá, Akemi me cogió de la mano y juntos nos adentramos en el bosque. Allí los árboles eran viejos, y mi vista no alcanzaba a ver la copa. Poco a poco nos fuimos alejando del claro donde estaba el templo, y pronto nos vimos rodeados de infinitud de árboles, cada uno más viejo que el anterior y al final perdí la orientación y simplemente dejé que Akemi me guiase.
Después de un rato andando llegamos a la orilla de un riachuelo. Era estrecho, tanto que a veces solo era un hilo de agua, pero podía ver como llegaba desde la cima hasta la falda de la montaña.
- Ya hemos llegado Sora-kun. Te presento a Ishi no kawa, la diosa del riachuelo

Me agaché para mirar el agua, pero no vi nada.
- Akemi-chan, ¿donde está?
- Cierra los ojos y escucha. Concentrate y piensa en el espíritu del árbol que llevas dentro, al fin y al cabo, él también en un kami, si puedes verle a él también podrás verla a ella…

Hice lo que me dijo. Cerre los ojos muy fuerte y pensé en el dios del árbol y note un cosquilleo en las manos. En mi cabeza solo había oscuridad, y derrepente empezó a aparecerse un hombre viejo, como muchísimas arrugas y que me sonreía muy amablemente. Alrededor de él habían unas lucecitas, como luciérnagas, que revoloteaban a su alrededor. Y cuando abrí los ojos me di cuenta de que Akemi me había cogido de las dos manos, y que miraba hacia arriba. Como no sabía que hacer la imité.
Y entonces, como aparecidos de la nada, vi un montón de seres extraños, cada uno con una forma, y un tamaño distintos.Estaban subidos a los arboles, tumbados en el suelo o asomando la cabeza entre los troncos. Unos parecían niños como yo, pero no se porqué, se parecían más al viejito que había visto en mi cabeza que a un niño humano. Otros eran conejos, o pajaros, y otros animales que simplemente no había visto nunca, seres con un solo ojo, o con mil, con escamas o con pelo, con cuatro patas o con diez.
Me di cuenta de que todos nos miraban a Akemi y a mi, y que todos ellos eran de un color muy pálido , casi casi transparentes, y también les revoloteaban lucecitas alrededor .
A nuestro alrededor se oían murmullos, voces que cuando había entrado al bosque no había oído.
- ¿De donde han salido Akemi-chan? ¿Cuánto hace que están aquí?
- Siempre lo han estado Sora-kun, ellos han estado aquí desde que nació la tierra, son kami. Y ahora, mira al rio, Ishi no Kawa te está esperando.- Me aconsejó Akemi con una sonrisa

Gire la cabeza, y como había dicho Akemi, al lado del río había una pequeña criaturita, que tenia forma de niña, pero que por poco me llegaba a la rodilla, con orejas picudas y pelo azul. En sus bracitos sujetaba con mucha fuerza una piedra que brillaba, con forma de huevo. Me miraba fijamente con unos ojos azules que reflejaban lo que veían, igual que el agua.
Me arrodillé para ponerme a su altura, pero esto pareció enfadar a la pequeña diosa, que desapareció un momentito para volver a aparecer en los brazos de Akemi.
Me sentí un poco triste, porque pensaba que había ofendido a Ishi no Kawa, y le hice un gran reverencia. Akemi le susurró algo al oído a la megami, y como si hubiese cambiado de repente de opinión, le dio su piedra a Akemi, desapareció. ¡Y luego apareció subida a mis espaldas! Reía mucho y tenia ganas de jugar. Jugamos al escondite entre los árboles y había veces que se metía dentro del agua, y entonces ¡Desaparecía como por arte de magia! Claro, como era una diosa del agua…Cuando ya llevábamos un rato jugando, algunos kami que nos seguían mirando también vinieron a jugar. Algunos eran muy tímidos, otros no tanto y nos lo pasamos muy bien! Había muchas lucecitas, y todo era como en un sueño. Los kami aparecían y desaparecían y era muy difícil pillarles!

Cuando nos cansamos, nos sentamos todos issho ni* alrededor de Akemi y de una kami muy bonita, que aparentaba tener unos pocos años más que nosotros. Las dos cantarón canciones juntas, y sus voces sonaban como una sola. Todos estábamos callados, y poco a poco, los kami empezaron a desaparecer, pero ya no era como cuando jugábamos que volvían a aparecer en otro sitio. Los kami se estaban yendo. Incluso Ishi no Kawa y la joven kami iban desapareciendo poco a poco, hasta que nos quedamos solos Akemi y yo. Yo no entendía porqué se iban, ¿no les gustaba como cantaba Akemi? ¡Eso era imposible! Akemi se calló y me miró y creo que supo lo que estaba pensando.
- Los kami están cansados Sora-kun, se está haciendo de noche, ¿no te has dado cuenta?

Me estiré en el césped y miré hacia el cielo. Tsukumoyomi ya empezaba a salir y Amaterasu se estaba escondiendo. El cielo era de un color rosa muy intenso.

- Tienes razón Akemi-chan, es hora de irse.


FIN DEL CAPÍTULO IV

*issho ni : juntos